Cardenal Omella pagó más de 1 M de Euros por una auditoría sobre abusos sexuales en la Iglesia Católica, siendo él uno de los denunciados por El País por encubrimiento continuado. Ilustración: FERNANDO HERNÁNDEZ / Foto: ANTONELLO NUSCA
I. Zaragoza antes de Barcelona: Cantero, Yanes, Marcelo, Ureña y la apertura de Operación Opus Dei
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- I. Zaragoza antes de Barcelona: Cantero, Yanes, Marcelo, Ureña y la apertura de Operación Opus Dei
Buena Lectura. Equipo Jacques Pintor
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La historia pública del cardenal Juan José Omella suele contarse desde Barcelona, desde el cardenalato, desde su presidencia de la Conferencia Episcopal Española o desde su nombramiento, el 7 de marzo de 2023, como miembro del nuevo Consejo de Cardenales creado por el papa Francisco para asesorarle en el gobierno de la Iglesia. Sin embargo, los documentos anteriores obligan a mirar más atrás. Antes de Barcelona hubo Zaragoza. Antes de la imagen institucional del cardenal hubo conflictos de autoridad, cartas a Roma, expedientes promovidos contra obispos, seminarios examinados y nombres que después reaparecerían en otros episodios de la Iglesia española.
El primer antecedente remoto que conviene situar es la relación de Omella con la diócesis de Zaragoza y con la figura de Pedro Cantero, arzobispo de Zaragoza en la etapa en que Omella era todavía sacerdote diocesano. La documentación obtenida sitúa en torno a 1974 un primer episodio de fricción eclesial. No lo convertimos aquí en capítulo autónomo, porque exige su propio soporte documental, pero sí lo dejamos fijado como arranque de una línea: Omella aparece ya, antes de su etapa episcopal más conocida, dentro de una secuencia de tensiones zaragozanas en el contexto de las cuales firmó junto a otros sacerdotes contra su propio obispo, monseñor Pedro Cantero, y por lo que fue amenazado con la excomunión.
Años después, esa línea conflictiva de Omella vuelve a aparecer alrededor de otro arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña.
Monseñor Elías Yanes había sido arzobispo de Zaragoza antes que Ureña. En los documentos obtenidos por nuestro equipo Jacques Pintor, Yanes aparece no sólo como antecesor, sino como figura de influencia en la trama posterior, conocida en la prensa y en nuestros libros sobre el complot como trama maña. La documentación obtenida sostiene que Yanes mantuvo una fuerte animadversión hacia su sucesor y que esa tensión alimentó iniciativas dirigidas contra Ureña. La pieza más relevante es una carta de Yanes al papa Francisco y la intervención del jesuita Germán Arana, de enorme influencia en determinados circuitos eclesiales, para hacerla llegar a su amigo y correligionario Jorge Mario Bergoglio, ya papa. Entre esos documentos figuran materiales obtenidos por nuestro equipo que terminaron llevando a Germán Arana a juicio en Madrid, mediando una querella interpuesta por el Rvdo. Miguel Ángel Barco, antiguo secretario personal de Ureña.
Yanes, Arana y Omella aparecen conectados en torno a la caída de don Manuel Ureña. El cardenal Beniamino Stella aparece como pieza romana. Zaragoza se presenta así como uno de los escenarios donde se ensayó una forma de presión eclesiástica que luego tendría consecuencias sobre otros sacerdotes y que alteraría para mal la selección y evaluación de candidatos al sacerdocio hasta el día de hoy.
El episodio más concreto de esta primera etapa es el caso Marcelo. Según los documentos revisados, en 2009, cuando Juan José Omella era obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño, consiguió que la Congregación para la Educación Católica abriese un expediente al arzobispo Manuel Ureña por el caso de Marcelo, seminarista de Zaragoza. La acusación giraba en torno a la intención de Ureña de ordenar a un joven que Omella consideraba no apto para el sacerdocio ministerial.
Ese procedimiento terminó favorablemente para Ureña. Marcelo, que cursaba estudios en Ávila, recibió informes positivos del rector del seminario abulense, monseñor José Luis Retana, posteriormente nombrado obispo de Plasencia. El dato permite narrar el episodio no como una sospecha abstracta, sino como una secuencia con contraste interno: hubo acusación o prevención contra el seminarista; hubo intervención romana; hubo investigación sobre Ureña; y existieron después informes favorables sobre el joven.
La pregunta periodística no es menor: ¿por qué se abrió ese expediente?, ¿qué información llegó a Roma?, ¿qué peso tuvieron los informes negativos iniciales?, ¿qué ocurrió con los informes posteriores favorables?, ¿quién los conoció y cómo se incorporaron al expediente?
Uno de los documentos sostiene que la documentación favorable a Marcelo quedó ocultada o no tuvo la visibilidad debida. Pero fija una pregunta central: cuando en un expediente eclesiástico existen informes contradictorios, ¿qué información pesa realmente?, ¿la que daña o la que repara?
El caso Marcelo anticipa el caso del cura de Épila: el reverendo Miguel Ángel Barco.
Primero aparece un seminarista cuya idoneidad sacerdotal fue cuestionada. Después aparece un sacerdote que quedaría expuesto en la trama maña como chivo expiatorio cuando las pruebas contra Ureña no bastaban. Según la investigación desarrollada en Complot de poder en la Iglesia española y La Iglesia Española Sometida, el propio papa Francisco habría reprochado después a los responsables la información que condujo a la dimisión de Ureña. Ese extremo pertenece al desarrollo documental de los libros, pero aquí importa como enlace narrativo: antes de Barco estuvo Marcelo; antes de Marcelo estuvo la ofensiva contra Ureña; antes de Ureña estaba la herencia de Yanes; y en esa cadena aparece Omella.
Al mismo tiempo se abre otro frente: la operación contra el Opus Dei. Los documentos trabajados sitúan a varios de los mismos actores, en especial Arana y Omella, alrededor de campañas contra Ureña y contra el entorno del Opus Dei. Lo que en un expediente parece una disputa sobre un seminarista, en otro plano aparece como parte de una ofensiva más amplia contra una determinada arquitectura eclesial: Zaragoza, Ureña, Barco, Gaztelueta, el Opus Dei y Roma empiezan a tocarse en los mismos años, con nombres que reaparecen una y otra vez. Este episodio de la Iglesia de España queda diseccionado en la obra del comunicador y criminólogo Jordi Picazo, “Operación Opus Dei“.
Otro documento, centrado en los primeros ataques del jesuita Germán Arana y del cardenal Juan José Omella contra Ureña, sitúa esa ofensiva antes de 2008 y la prolonga hasta la destrucción pública del arzobispo en 2014. El texto afirma que Omella llevó a Ureña ante la Congregación para la Educación Católica y que Arana participó en una guerra personal contra él. La figura de Germán Arana es decisiva en este bloque. Sus escritos y actuaciones lo presentan como jesuita influyente, vinculado a la formación de obispos y a circuitos romanos. En esta estructura de pecado, Arana no debe aparecer como personaje decorativo, sino como puente entre Zaragoza, Roma y las decisiones que afectaron a Ureña y después a Barco. Su papel se desarrollará más adelante, pero debe quedar introducido desde este primer tramo.
También debe quedar introducido el cardenal Beniamino Stella. Más exactamente, debe quedar introducido el eje romano que los documentos sitúan alrededor de Stella: cartas, influencias, recepción de materiales y circulación de acusaciones relacionadas con Ureña y con el posterior despliegue de la trama. La historia no quedó encerrada en Zaragoza. Subió a Roma.
La Iglesia funciona por diócesis, pero sus conflictos más delicados suelen ascender a congregaciones, dicasterios, nunciaturas y relaciones personales. El caso Marcelo, tal como aparece en los documentos, no fue un problema doméstico de seminario. Llegó a la Congregación para la Educación Católica. El caso Ureña no fue sólo una tensión local entre obispos. Se convirtió en cuestión romana. Y el caso Barco, más tarde, tampoco se entendería sin esa circulación de informes, cartas y decisiones entre Zaragoza, Madrid, Roma, Barcelona y La Rioja. La historia no está cerrada.
Por eso este primer bloque debe narrarse como el origen de una mecánica. Primero se cuestiona la idoneidad de un seminarista. Después se investiga al arzobispo que podía ordenarlo. Más tarde, el conflicto se desplaza hacia el mismo Ureña. Luego aparece Barco como sacerdote vulnerable dentro de un escenario ya envenenado. En paralelo, se abre la operación Opus Dei. Finalmente, la trama adquiere una dimensión mayor, con nombres romanos, jesuitas influyentes y consecuencias sobre la carrera y la fama de varios protagonistas.
Omella no aparece aquí como simple espectador. Los documentos obtenidos en exclusiva por nuestra investigación y la prensa española lo sitúan como actor en el caso Marcelo y como figura vinculada a la ofensiva contra Ureña.
Hay un punto especialmente delicado: la relación entre estos hechos y el posterior ascenso de Omella. No debe afirmarse que una cosa causara automáticamente la otra. Pero sí puede señalarse que la carrera de Omella avanzó mientras algunas de esas historias quedaban sin una aclaración pública completa.
Omella llega a Barcelona en 2015 con una historia previa. No es un personaje que aparezca de pronto en el poder eclesial español. Llega con antecedentes, relaciones, conflictos y documentos que permiten leer de otra manera lo que sucederá después.
En esta crónica, este primer tramo debe cumplir una función sencilla: abrir la historia en La Rioja y Zaragoza, no en Barcelona. Omella era obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño cuando, según estos documentos, intervino en el expediente Marcelo y se inició la Operación Opus Dei. Pero el objeto de aquella intervención era Zaragoza, el seminario de Zaragoza y el arzobispo de Zaragoza. La Rioja fue la posición desde la que actuó; Zaragoza, el campo eclesial donde esa actuación desplegó sus consecuencias.
Antes de Omella – presidente de la Conferencia Episcopal Española hubo un prelado que intervino en expedientes romanos. Antes de las respuestas públicas sobre abusos y las acusaciones en prensa contra su persona por parte del rotativo El PAÍS de encubrir abusos sexuales, hubo procedimientos internos, seminaristas examinados, arzobispos debilitados y cartas que viajaron a Roma.
Zaragoza es el punto de partida. Y sin Zaragoza, Omella queda mal explicado.
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