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- 4. Deconstrucción de la Iglesia por el cardenal Omella: cuando el patrón se repite
Buena Lectura. Equipo Jacques Pintor
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Los casos satélite generados por las acciones del cardenal Omella permiten comprobar si lo visto en Zaragoza, Barcelona y Roma fue un accidente o un modo de gobierno.
El primero es el caso del ahora obispo Satué. Tiene entidad propia, y a la vez sirve para ver la continuidad del problema: promoción episcopal, redes de confianza, justicia canónica ad hoc, reapertura del caso Gaztelueta contra derecho, vínculos con Germán Arana, con México, con monseñor Patrón Wong, y tratamiento desigual de sacerdotes, seminaristas y laicos.
Satué permite formular una pregunta posterior al caso Omella: si los expedientes antiguos ya mostraban problemas de imparcialidad, garantías y poder, ¿por qué las promociones posteriores parecen premiar precisamente a quienes se mueven bien dentro de esas redes? El periodista Jordi Picazo ha escrito un libro monográfico centrando el foco en el caso de José Antonio Satué: “Satué, un informe“.
El segundo caso es el ahora obispo Pedro Aguado, ex superior general de los Padres Escolapios. Los artículos de análisis contenidos en esta WEB lo sitúan en el marco de la Orden Escolapia, denuncias previas, acusaciones de encubrimiento institucional y promoción episcopal posterior, llevándole de obispo ordinario en el cento de la geograía del escándalo en España, la Diócesis de Huesca-Jaca. La clave no es juzgar aquí todo el expediente Aguado, que merece libro propio. La clave es propedéutica: cuando una persona llega al episcopado después de denuncias conocidas o comunicadas, la Iglesia debe explicar qué comprobó, qué preguntó, qué descartó y qué asumió.
Aguado conecta con Vos estis lux mundi, con la responsabilidad de superiores religiosos y con la pregunta por los nombramientos. Si una madre de una víctima de abuso sexual escribe a Roma y la descartan, si una víctima denuncia y le acusan de interesado, si existen cartas y respuestas que no llevan a ninguna parte, si el expediente alcanza Roma o puede alcanzar al Papa y se usa el nombre de este en vano, la promoción episcopal deja de ser un acto administrativo. Se convierte en mensaje institucional, en estructura de pecado.
El tercer caso es el del Rvdo. López-Brea. Aquí el eje no es Roma, sino la Diócesis de Huesca-Jaca ya desde el anterior obispo Julián Ruiz Matorell, la administración pública aragonesa, ordenación, idoneidad y traslado de responsabilidades. Los artículos sobre denuncias de promiscuidad en el clero y sobre política, pecado y poder de Jordi Picazo aportan una línea que debe preservarse: la posible contradicción entre advertencias sobre un candidato, ordenación sacerdotal, promoción posterior y protección institucional.
López-Brea no pertenece al núcleo Barco-Zaragoza-Omella-Arana. Pero sí pertenece al mapa posterior de la Iglesia española que esta biblioteca está construyendo: seminarios, obispos, idoneidad, silencios y consecuencias para menores o fieles vulnerables.
El cuarto caso es el del ex sacerdote abusador múltiple durante tres décadas en la misma diócesis, Amadeo Elcoso. Aquí la prudencia jurídica es esencial. Los artículos de El Nacional permiten distinguir planos: denuncia, expediente eclesiástico, valoración moral, imputación penal, juicio y sentencia. Elcoso fue juzgado por una acusación concreta y resultó absuelto de ese delito concreto. Ese dato debe constar siempre. Pero la absolución penal no borra la pregunta institucional: qué se sabía, quién lo sabía, qué hizo la autoridad eclesial, y por qué determinados itinerarios clericales sobrevivieron a información grave de sus abusos en Monzón, Diócesis de Barbastro en Aragón, España.
Elcoso conecta con Barbastro-Monzón, con Omella como obispo en aquella etapa, con el obispo anterior a Omella, Alfonso Milián, con el ex diácono Daniel Peruga y con la red aragonesa que después reaparece en el caso Ureña y que explotó la Diócesis de Zaragoza.
Estos cuatro casos muestran el mismo tipo de dificultad: la Iglesia decide antes de explicar. Ordena, promueve, traslada, archiva, responde tarde o responde mal. Y cuando el asunto llega al público, la institución suele presentar el escándalo como daño reputacional, no como oportunidad de verdad.
La cuarta crónica no cierra ninguno de estos casos. Los abre con orden. Satué tiene su libro. Pedro Aguado deberá tenerlo. López-Brea pertenece a la constelación Huesca-Jaca y Satué. Elcoso exige una lectura jurídica fina. Pero todos ayudan a entender el mismo patrón: el poder eclesiástico no se mide sólo por lo que castiga, sino por lo que permite, por lo que promociona y por lo que deja sin explicar.
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