Arzobispo de Madrid mantuvo a un sacerdote corrupto durante años: pasaba cientos de miles de euros a la Diócesis
En el contexto del proceso judicial actualmente abierto en Madrid contra el sacerdote Gonzalo Ruipérez, ex párroco de San Juan de Dios en el barrio de Vallecas (Madrid), conviene recordar una serie de hechos conocidos desde hace años en ambientes eclesiásticos pero raramente examinados públicamente.
¿Sabía alguien que el conferenciante, cura mediático y premiado era padre de dos hijos… hoy sacerdotes?
La Fiscalía solicita en este momento quince años de prisión, tras un juicio ya celebrado y visto ahora para sentencia, por presuntos delitos de agresión sexual contra varias mujeres vulnerables que acudían a la parroquia en busca de ayuda social.
Según las declaraciones realizadas ante la Audiencia Provincial de Madrid, cuatro mujeres han relatado cómo el sacerdote habría enviado mensajes de contenido sexual y habría cometido agresiones entre 2020 y 2022. El acusado niega los hechos y sostiene que existe una campaña organizada contra él.
Este nuevo escenario obliga a revisar episodios anteriores que durante años revelaron contradicciones internas en la estructura eclesiástica que protegía la carrera pública de Ruipérez. Porque la pregunta que muchos conocían —aunque raramente se formulaba en público— es simple:
¿Sabía alguien que el sacerdote galardonado y conferenciante era padre de dos hijos? Más aún:
¿sabía alguien que esos hijos pasaron por el seminario diocesano de Madrid y podrían incluso haber sido ya ordenados sacerdotes, circunstancia que dependería naturalmente de su edad canónica actual?
Y si lo sabían, ¿por qué nunca ocurrió nada?
La carta del jesuita Germán Arana
Hace tiempo trajimos a colación la calificación que el jesuita Germán Arana Beorlegui hizo de Gonzalo Ruipérez cuando era secretario del arzobispo Manuel Ureña en Zaragoza, en una carta que mantuvo al propio Arana imputado ante tribunales de Madrid hasta recientemente por calumnias e injurias, proceso del que finalmente fue absuelto por defectos procesales.
En esa carta, Arana describe a Ruipérez insinuando comportamientos ligados a una vida sexual licenciosa y a dinámicas de influencia eclesiástica difíciles de justificar dentro de la disciplina clerical.
Sin embargo, mientras estas valoraciones circulaban en determinados ambientes eclesiales, Ruipérez continuó su carrera con absoluta normalidad.
Incluso recibió premios.
El sacerdote premiado… y padre de dos hijos
El hecho conocido en diversos círculos eclesiásticos es que Gonzalo Ruipérez es padre de dos hijos no reconocidos oficialmente, que posteriormente pasaron por el seminario diocesano de Madrid y que podrían incluso haber sido ya ordenados sacerdotes.
Esta circunstancia fue ocultada institucionalmente. Esta realidad fue silenciada por el actual arzobispo de Madrid José Antonio Cobo y por su auxiliar Jesús Vidal, quien había sido rector del seminario donde estos jóvenes cursaron su formación.
Mientras tanto, Ruipérez nunca fue objeto de sanción disciplinaria relevante por esta situación.
El contraste es llamativo.
Otro sacerdote, Miguel Ángel Barco, también exsecretario de Ureña después de Gonzalo Ruipérez, fue secularizado disciplinariamente bajo la acusación de ser padre de una hija.
Esa acusación resultó falsa. Se presentaron pruebas científicas de ADN que demostraban que la niña no era su hija. Los propios padres biológicos se sometieron voluntariamente a las pruebas para acabar con los rumores. Nada cambió.
Barco fue expulsado igualmente del sacerdocio, funcionando en la práctica como chivo expiatorio dentro del proceso de desmantelamiento de la arquidiócesis de Zaragoza en el contexto de la llamada “trama maña”, operación que tuvo como uno de sus principales actores al cardenal Juan José Omella.
El premio Alter Christus
El portal de la Archidiócesis de Madrid anunció el 1 de diciembre de 2017 que el párroco de San Juan de Dios en Vallecas, Gonzalo Ruipérez, sería uno de los galardonados con los Premios Alter Christus, otorgados por Regnum Christi, organización vinculada históricamente a los Legionarios de Cristo.
La ceremonia tuvo lugar el 4 de diciembre de 2017 en la Universidad Francisco de Vitoria.
Entre los premiados figuraban:
- Gonzalo Ruipérez
- Bruno Bérchez, delegado de juventud de la diócesis de Barcelona
- responsables pastorales de varias diócesis españolas.
El acto contó con la presencia del cardenal Juan José Omella, quien celebró públicamente la concesión de los galardones.
El mismo cardenal Omella que facilitó posteriormente la secularización disciplinaria del sacerdote Miguel Ángel Barco:
- sin juicio
- sin conocer quién le denunciaba
- sin cargos explicitados en el decreto.
Barco fue acusado de ser padre de una hija que no tuvo.
En un audio posteriormente publicado por nuestra redacción, el propio Omella reconoce que no se seculariza a un sacerdote por tener un hijo. Sin embargo, Barco fue expulsado igualmente.
Conferencias en el Ateneo Teológico
Ruipérez fue invitado también a impartir charlas de formación en el Ateneo Teológico del Opus Dei en Madrid, dirigidas a sacerdotes vinculados a los apostolados de la Prelatura.
El director del Ateneo fue advertido telefónicamente por nuestra redacción de estos hechos unos días antes de la conferencia. La respuesta fue, según el periodista que realizó la llamada: “¿Y esto quién lo dice?” La conferencia se celebró igualmente.

Zaragoza: reclutamiento de seminaristas colombianos
Durante su etapa como secretario del arzobispo Manuel Ureña en Zaragoza, Ruipérez trabajó estrechamente con Óscar Ignacio Avilez Bolívar, promotor de justicia de la diócesis. Ambos participaron en la captación de candidatos al sacerdocio en Colombia para el seminario de Zaragoza.
Según diversas fuentes eclesiásticas, las entrevistas a aspirantes se realizaban en ocasiones en habitaciones de hotel de Zaragoza, donde examinaban candidatos procedentes de contextos sociales extremadamente precarios. El objetivo era aumentar el número de seminaristas.
El propio Benedicto XVI aconsejó posteriormente a Ureña que, en todo caso, se trajeran sacerdotes ya ordenados, no candidatos al sacerdocio sin formación suficiente.
La versión de Roberto Ferrer
El ex vicario judicial Roberto Ferrer, en conversaciones mantenidas ante testigos, explicó que el problema comenzó cuando Ureña sustituyó a los antiguos formadores del seminario. Según Ferrer:
“Traían seminaristas sin ningún tipo de discernimiento mínimo”.
La exnotaria diocesana Mari Carmen Amador añadió que las entrevistas se realizaban en hoteles:
“Se traían a los que no querían en los seminarios de Colombia… gente que estaba pasando hambre o tenía problemas”.
El objetivo, según Ferrer, era llenar el seminario para reforzar la carrera eclesiástica de Ureña.
Una doble vara de medir
La razón de recordar hoy estos episodios es evidente. Durante años, un sacerdote que:
- tenía dos hijos no reconocidos oficialmente,
- cuyos hijos pasaron por el seminario de Madrid y podrían incluso haber sido ordenados sacerdotes,
- y que participó en redes de poder eclesiástico,
continuó su carrera con normalidad. Otro sacerdote fue expulsado del sacerdocio por una acusación demostrada falsa.
Y ahora, años después, el primero se enfrenta a un proceso penal con petición fiscal de quince años de prisión por agresiones sexuales. El juicio ya se ha celebrado y el caso ha quedado visto para sentencia.
Más allá del resultado judicial, la historia plantea una pregunta incómoda para la Iglesia española:
¿qué sabían los responsables eclesiásticos y por qué miraron hacia otro lado durante años?
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