Obispo de Huesca-Jaca en España, el padre escolapio Pedro Aguado
El 30 de enero de 2026, desde Inglaterra, Claudia I. C. tomó la decisión de escribir directamente al Papa León XIV. Vive actualmente fuera de su país de origen. Es madre. Y no escribió una carta devocional ni una súplica abstracta. Escribió una denuncia formal. Una denuncia contra el hoy obispo de Huesca-Jaca, Pedro Aguado Cuesta, por su gestión de un caso de abusos sexuales cuando era Superior General de la Orden de las Escuelas Pías. Y la envió con acuse de recibo. Con pruebas anexas. Con fechas. Con nombres.
La víctima: el hijo de Claudia, Javier Fernando Alcántara, violado decenas de veces por un padre escolapio al que Pedro Aguado supuestamente encubrió. Lo que aquí analizamos no es el dolor —que es evidente— ni la veracidad material de los hechos —que la autora aporta documentalmente—. Lo que estudiamos es la arquitectura del texto: su estructura, su fuerza normativa, su coherencia temporal y su capacidad para interpelar a una autoridad institucional. Y la valentía de enfrentar una estructura de pecado.
Porque una carta puede ser un grito. O puede convertirse en un expediente. Esta contiene los elementos para lo segundo.
La legitimación desde la primera línea
Desde la primera línea, la mamá establece legitimación moral. Se identifica con nombre completo, precisa fecha y lugar, explica su condición de madre y víctima indirecta. No hay anonimato ni ambigüedad. Asume la responsabilidad de lo que afirma y delimita con claridad el objeto de su escrito: denunciar presuntos incumplimientos graves por parte de una autoridad eclesiástica.
El núcleo acusatorio: omisión institucional
La carta no se limita a describir abusos sexuales —que sitúa en el centro del drama—. Formula acusaciones concretas contra autoridades eclesiásticas por:
- Encubrimiento
- Favorecimiento
- Negligencias graves
- Abuso de poder
- Coacción
- Incumplimiento de Vos Estis Lux Mundi, motu proprio del Papa Francisco (2019, 2023)
Este último punto es el eje estructural.
La autora no argumenta solo desde el dolor. Argumenta desde la normativa pontificia promulgada en 2019. Y ahí el texto deja de ser exclusivamente testimonial para situarse en el terreno jurídico.
La línea temporal: el verdadero esqueleto del escrito
Claudia presenta en su carta una secuencia coherente: abusos reiterados durante años; denuncia directa en 2019 ante el entonces Superior General en Roma; reunión presencial en la Casa General Escolapia; correos electrónicos que documentan el intercambio; sentencia canónica en 2020 que retira el estado clerical al agresor; fallecimiento en 2022; misa pública con elogios al supuesto abusador y manteniendo en el funeral sus referencias de “padre escolapio” y sacerdote, transmitida por internet; promoción episcopal posterior del superior denunciado.
Si en 2019 existía conocimiento verosímil de hechos graves, la cuestión decisiva es si se activaron o no las obligaciones previstas por Vos Estis Lux Mundi.
El marco normativo: lo que convierte el dolor en responsabilidad
Vos Estis Lux Mundi establece deberes concretos para los superiores generales: recibir denuncias, proteger a las víctimas, activar los mecanismos competentes y cooperar con autoridades civiles según la legislación aplicable. Claudia sostiene en su carta que el entonces Superior General conocía los hechos, no siguió el protocolo y actuó discrecionalmente. En términos académicos, este es el corazón del caso: responsabilidad por omisión frente a una obligación jurídica expresa.
La dimensión probatoria
Claudia anexa para León XIV correos electrónicos, evidencia de reunión presencial con Pedro Aguado, referencia a una sentencia de 2020, registro de la misa funeral y un acta de defunción cuya denominación parcial del nombre genera dudas de credibilidad. La robustez del escrito depende de la precisión documental: identificación de fechas exactas, autoridad que dictó la sentencia, coherencia entre los actos administrativos y la actuación posterior de los implicados. La carta contiene ya los elementos sustanciales que permiten someter el caso a un examen institucional serio.
La muerte del acusado y la memoria pública
La carta introduce un elemento delicado: la diferencia entre “José Miguel” y “Miguel” en el acta de defunción, el ataúd cerrado contra la costumbre de la región, el carácter elogioso de la misa transmitida por internet cuando mediaban denuncias por abusos sexuales continuados y la presentación del fallecido como sacerdote escolapio pese a existir una sentencia previa que le retiraba el estado clerical. Aquí la mamá expone la tensión entre sanción formal y reconocimiento público, entre la decisión canónica y la narrativa institucional posterior.
El registro emocional
Expresiones como “Nos mató en vida”, “Se burló de mí”, “Es un mal hombre” o “No se vale” forman parte del texto. Son el lenguaje de una madre que describe el impacto devastador de los hechos sobre su hijo y sobre su familia. No son categorías jurídicas; son la expresión directa de una experiencia traumática que atraviesa toda la carta y que explica su intensidad.
La petición de reparación
La carta no concluye en la denuncia simbólica, sino que formula solicitudes concretas: reparación integral, cobertura de tratamientos médicos, psicológicos y psiquiátricos, exhibición formal de la sentencia y sanción ejemplar para los implicados. De este modo, el dolor se traduce en una pretensión institucional específica que busca respuesta material y no únicamente reconocimiento moral.
No es una cuestión de carácter personal ni de simpatías individuales. Tampoco es un debate sobre estilos pastorales. La pregunta que emerge es estrictamente institucional: si existió conocimiento suficiente en 2019 que activara obligaciones bajo Vos Estis Lux Mundi y si dichas obligaciones fueron cumplidas o no. Todo el debate orbita alrededor de ese punto nodal.
La carta de Claudia no es únicamente un grito ni únicamente un relato íntimo de sufrimiento. Es un documento que permite examinar, en términos académicos, la aplicación concreta de la normativa pontificia frente a denuncias de abusos, la responsabilidad por omisión en estructuras jerárquicas y la coherencia entre decisiones canónicas y actuaciones públicas posteriores. Constituye un caso susceptible de análisis riguroso sobre gobernanza eclesial, mecanismos de control interno y eficacia real de los instrumentos diseñados para proteger a las víctimas. En ese sentido, trasciende el ámbito privado y se convierte en material de estudio para comprender cómo interactúan norma, autoridad y responsabilidad dentro de una institución global.
La carta
30 de enero de 2026.
Eminencia Papa León XIV,
Me dirijo a usted con respeto. Mi nombre es Claudia . Soy mexicana y vivo en X y le escribo para denunciar al hoy obispo de Huesca y Jaca, ex padre superior de la Orden de las Escuelas Pías, Pedro Aguado Cuesta, por presuntos hechos de encubrimiento, por favorecimiento, negligencias graves, abuso de poder, coacción y violaciones directas a las obligaciones establecidas en “Vos Estis Lux Mundi”; a Fernando Hernández Avilés y José Luis Sánchez Macías y a José Miguel Flores Martínez, quien supuestamente está fallecido, pero su acta de defunción solo dice Miguel Flores Martínez y pone en duda que él está muerto.
Explico a continuación más concretamente. Yo personalmente denuncié al sacerdote, ahora exsacerdote, porque abusó sexualmente de mi hijo por años. Y me refiero a José Miguel Flores Martínez y lo denuncié ante Pedro Aguado Cuesta en 2019. Anexo pruebas, correos que tuve con Pedro Aguado y ahí se explica todo. Yo viajé a Roma a la Casa General Escolapia y ahí tuve una plática con Pedro Aguado personalmente y yo le expliqué todas las atrocidades que el supuesto fallecido José Miguel Flores Martínez le hizo a mi hijo Javier.
Este abusador sexual violó a mi hijo por años. Según parte médico, lo violó entre 70 y 80 violaciones en varios años, abusando de su sotana y manipulando a mi hijo hasta dejarlo sin voluntad y dejándole un terrible daño emocional y físico. Yo, como madre y víctima indirecta, exijo justicia por y para mi hijo. José Miguel Flores Martínez nos mató en vida. A mi hijo le robó su niñez, adolescencia y adultez, y a todos nos robó la paz.
Y no se vale que Pedro Aguado lo encubriera hasta el final, ya que cuando yo le fui a ver a Roma en 2019, él ya sabía de los abusos y no solo lo que José Miguel Flores le hizo a mi hijo, sino a dos chicos más. Y Pedro Aguado solo se burló de mí, se rió, se burló de mi dolor e hizo todo a su manera, ya que no siguió el protocolo que dejó el Papa Francisco en “Vos Estis Lux Mundi”, y lo digo porque Pedro Aguado debió denunciar ante la policía y fiscalía al agresor en cuanto ya estaba la sentencia que declara que le quitarían el sacerdocio y no lo hizo.
Pedro Aguado todo lo ha hecho a su manera, a su estilo, sin empatía alguna hacia la víctima que es mi hijo y sin empatía hacia mí y hacia mi otro hijo. Pedro Aguado es un mal hombre, un mal ser humano, porque a él no le importa en lo más mínimo el dolor de sus acciones hacia nosotros.
Y pensamos que José Miguel Flores sigue vivo porque el acta de defunción solo dice Miguel y el señor se llama o llamaba José Miguel y otra burla para nosotros fue la asistencia de Fernando Hernández Avilez y José Luis Sánchez Macías al supuesto funeral y misa, de cuerpo presente con ataúd cerrado de Miguel Flores. Y no es posible que hayan ido a darle el pésame y a decir que murió como sacerdote escolapio cuando ya había una sentencia que dice que el señor ya no era sacerdote dos años atrás. La sentencia salió en 2020 y José Miguel Flores murió supuestamente en 2022. Y yo vi esa misa por Internet, y estos dos sacerdotes hablaron cosas tan hermosas diciendo que fue un gran sacerdote, gran ser humano, gran amigo, etc. ¿Por qué? Otra burla, sin empatía hacia nosotros también y peor aún enviados por Pedro Aguado y no se vale, de verdad, no se vale.
Anexo varias pruebas y estoy dispuesta a hablar en persona si es necesario. Yo pido reparación del daño integral que incluya todos los beneficios para mi hijo y que incluya tratamientos médicos y psicológicos, psiquiátricos para mis dos hijos y para mí, que nos muestren físicamente la supuesta sentencia por la que queremos hacer pública y no menos importante que los implicados nombrados en este escrito reciban un castigo ejemplar.
Muchas gracias. Me pongo a sus órdenes.
Claudia





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